Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

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lunes, 29 de octubre de 2007

Cuando me matas



Cientos de enredaderas con
flores mustias se precipitan
por tus cabellos.
De tus labios agrietados emana
como de un manantial la sangre
de los besos que olvidaste.
Una fría mucosidad recubre
tus manos, se derrama entre tus dedos,
enterrándote caricias.


Así te ve el amor,
amor, cuando me matas.
Cuando me destierras de tus dones,
de la divinidad de tus excesos,
del rescoldo con que me asilabas.


Así te ve el amor cuando muero,
imaginándote inquisidora y desnuda,
hasta el último aliento.


Así ha de verte.
Así imagino en cada muerte,
en esas noches; entre impasibles
roces, sudor y abandono, que ha de
verte, maldita seas, el amor.

jueves, 25 de octubre de 2007

Tu procedencia



De donde procedes cuando me recolectas
jamás he tenido noticias,
nunca he sabido imitar la voluptuosa
influencia que ejerce sobre tu sangre
yerma.


Sólo sé de ese lugar,
que vestida de ti llegas enloquecida,
planeando dubitativa y famélica,
probando de aquí y de allí los frutos
maduros de tensa espera.
Y te aferras amnésica al único árbol
que encuentras.
Y sedienta robas el aliento de sus raíces,
mientras acaricias las oscuras hierbas
que velan a sus semillas.


Pero lejos de talar su ánimo,
de provocar su repliegue inopinado,
lo abocas por donde asoma la vida,
devolviéndole al perfecto estado,
a la humedad y temperatura idóneas,
para convertir de nuevo a su savia en
joven, libre
e impetuosa.

lunes, 22 de octubre de 2007

La pasión y la realidad (II)

…una indiferencia absoluta y abismal. Apoyó sus manos en el piecero de madera para que su inflamado peso no lo denunciara, quería ayudarse de la confusión que genera un ataque por sorpresa para evitar cualquier conato de retirada. Alternaba con sus labios y con su vasodilatada lengua breves roces y ausencias, suave y parsimoniosamente recorría sus pies, que desprendían un salvaje aroma a sudor joven y a chanclas. En cuanto tomó las rodillas, ella se estremeció, alentado por esa prometedora reacción invadió el colchón a gatas mientras besaba a discreción todo lo que oliera a carne contenida y a piel a punto de sublimarse. Creyó desmembrarse en cuanto colonizó sus nalgas, alguna que otra parte de su cuerpo no estaba dispuesta a soportar la cadencia impuesta por el cerebro y sus paranoias baratas.
Fue cuando la tensión acumulada por él, al contacto con las palabras que ella atinó a clavar en sus entrañas mientras bostezaba, crearon el purgatorio más cruel que para un hombre en sus circunstancias, pudiese alguien llegar a imaginar.
Estoy cansada, dijo sin la menor importancia, y además me he puesto mala, dos motivos tan razonables para una honrosa retirada, como apocalípticos y alentadores para suicidarse. No sólo me matas, también me condenas a errar a tientas, me niegas sin pudor la resurrección al alba. Sumido en un infarto de músculos y tactos, me despido de la exhuberancia de esas malditas sombras que nacen, aún cuando dormitan tus venas en calma, sobre mi cama.

jueves, 18 de octubre de 2007

Incandescencia



...En ese momento lideraría a
esa multitud de irascibles fuerzas
ignoradas que me asfixian
para que sacudieran la tierra,
y regresáramos al comienzo
de la sutileza inadvertida.

De un colérico pisotón infantil
alteraría los ánimos de la razón
a favor de las vísceras.

Reclutaría a demonios y a hienas
para acosarte sin piedad,
hasta que jamás osaras cerrar tus
ojos a mi debilidad suicida,
y suplicases anónimamente, como ayer,
una transfusión urgente de
sangrienta fe desde mi esquizofrénica,
sin ti, incandescencia.

lunes, 15 de octubre de 2007

Amadeus. De Milos Forman

Muchos años después, y habiéndola visto infinidad de veces, esta maravillosa película dirigida en 1984 por Milos Forman, “Amadeus” tiene una escena final que sigue provocándome un cierta asfixia, una placentera arritmia que eriza mis vellos y apelmaza en miles de puntos placenteros el relieve de mi piel.
El director debió rozar la locura y el orgasmo al contemplar la hermosura con la que había atrapado la esencia de la divinidad de Mozart. Esta mítica secuencia nos muestra a un Wolfgang agonizante en su cama, sacando las fuerzas necesarias para dictarle a Antonio Salieri su última gran obra antes de morir, “El Réquiem”.
Veámosla una vez más, suban el volumen, pónganse cómodos, abran sus poros, y déjense influenciar:


jueves, 11 de octubre de 2007

La pasión y la realidad (I)

Era una madrugada calurosa de verano, él subía las escaleras como si fuese el último escollo, el reto final cuyo logro lo condujese sin remedio hacia la forma más bella de energía contenida de la que recuerde haber formado parte activa. Desterrada por la espera hasta la frontera entre el deseo incontrolado y la exacerbación, ella estaría a punto de encomendarse a su propia dignidad, para acabar de una vez con ese tormento, varias artes relativas a muñecas y dedos, aprendidas del flamenco, harían el resto. Cuando accedió al cuarto ya poseía la gran baza de sus recursos totalmente mentalizada. El alumbrado público dotaba a la habitación de un ambiente calmado y a su vez de infarto, él adivinó rápidamente entre las sombras, las voluptuosas curvas que unían su cuerpo a la penumbra, desde el irreverente cabello hasta el sujetador, cayendo estrepitosamente hacia un tanga invisible, y llegando presuroso e inflamado a sus pies, donde finalmente, a gatas, él recaló para iniciar desde ahí, la odisea de recuperar el paraíso aun a costa de sucumbir en el infierno de…

lunes, 8 de octubre de 2007

No siempre



No siempre todo mi cuerpo
te requiere.
No siempre mis manos soportan
deambular como serpientes ebrias
e impacientes por tus alrededores.
No siempre tu boca es la clave de
todos los paraísos que albergas.
No siempre este mundo ni estos días
me conceden tu voluntad libre y errante,
cómplice incondicional en la odisea
de mis instintos clandestinos,
prosélita de mis lunáticas pasiones.
Amor y olvido y sangre.

No siempre, amor mío, tienes voz
ni criterio sobre mis actos de
cazador selectivo y despiadado.

Y juego a ser Dios de tu universo;
creo y deshago con un gesto
soles y fronteras, otorgo con mis manos
bienes y pobrezas y destierros,
para acabar rindiéndome culto;
desorientada reclamas con plegarias
mi presencia.

Soy el rey de la anarquía
en los placeres de los sueños
que sabes que te han concedido,
y que no has tenido todavía.

No siempre todo mi cuerpo
te requiere, patria mía,
pero siempre son tus tierras
el único destino perpetuo,
morada inagotable donde
experimentan mis sentidos.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Un cortijo andaluz: Francisco el de la huerta (IV)

…Les aseguro que no puede haber un tono más elocuente, una mirada que suplique más comprensión, ni unos gestos con mejores efectos especiales, que los que Francisco exhibió para intentar que su relato no nos avocase a pensar que era fruto de una imaginación ya casi jubilada, o como él mismo diría “ pal arrastre”.
Antonio me miró irónicamente, esperando un gesto de solidaridad por mi parte, yo sonreí tiernamente, giró su atención hacia Francisco, y le dijo con total ausencia de tacto, “ ¿y eso como coño va se?“. Francisco me miró buscando un aliado, yo volví a sonreír cálida pero imparcialmente, volvió su mirada paranoide hacia Antonio respondiéndole “quiyo, por la salú de mis chiquillos que sí, qué me caiga ahora mismo aquí muerto si es mentira lo que te dicho”, a lo cual Antonio contrarrestó esgrimiendo, “que no, que no, que el dolor se te quitó porque se tenía que quitá y ya está, o es que vas a descubrir tú ahora la penicilina”, las venas del cuello y la frente de Francisco estaban a punto de independizarse del resto del cuerpo, -su fe en ese remedio era directamente proporcional al escepticismo de Antonio- su mirada alternaba y escrutaba constantemente nuestras expresiones, si llega a advertir en mi cara una señal de apoyo a la posición de Antonio, creo que los nervios y la vergüenza lo hubiesen hecho reventar de impotencia y desconsuelo, pero al comprobar que mi postura era neutra, y que el partido había terminado empatado, decidió poner fin a la contienda, eso sí, recomendándole antes esto a Antonio, “ tú allá, pero que sepas que yo no gano na con decirte esto, a mí me sirvió, y tú, ahora que lo sabes, seguro que algún día lo probarás”. A lo que Antonio respondió con una especie de gruñido indescifrable acabado en, “...una poca leche pa ti” FIN

lunes, 1 de octubre de 2007

Parásito de ti



Si Dios existe
y me ha destinado en ti,
sería motivo suficiente
para morir por su bondad,
y hacer milagros en su nombre.

Qué osadía creer
que por mi destino
tiene sentido la creación.
Pensar que tu amor compensa
tanto sufrimiento que triunfa
en la pobreza y la enfermedad.

Si al final todo es equilibrio
arderé en el infierno tres vidas,
y en todas estaré esperando
desaforado la reducción de pena,
y el retorno a la dimensión donde
tu amor por mí aún perviva.

Tal vez el azar reine en el
universo, sería la forma más
honrosa de justificar el vivir
siempre maldito por sonrisas,
penitente de almibarados secretos,
básicamente, parásito de su
alma suave e indómita.

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