Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

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jueves, 28 de mayo de 2009

Tu lengua ofídica



Avanzo vertiéndome sobre la
incertidumbre del tiempo en que tú,
malabarista de formas conspiradoras
que gangrenan todo afán que las obvie,
desprendes en arrítmico compás de
sangre, como manjares laberínticos
que soliviantan en los acordes de mi
pulso, las claves para afinarme en
la cadencia de tus manos barrocas.


Diosa en busca de mártir, caes del limbo
en carne redentora y huesos sacrílegos,
exigiendo sin resquicio todo por ti,
o una maldición de estatua vertida vanamente.


He llegado sin tiempo a este enclave
edénico, sólo siento como me petrifico
abandonándome a tus designios, al fin
encaucé tu ardid empíreo formando
un cruz de saliva sobre tu lengua ofídica.


                                                                 

lunes, 25 de mayo de 2009

La historia más triste de la historia (XXI)



–No ha sido mi intención…
–Lo sé, lo sé, no era su intención…, lo último que pretendía era ofenderme… Perdone usted mi osadía… Y un largo etcétera de disculpas para intentar paliar la paradoja de molestar cuando se aspiraba a todo lo contrario. Sólo le pido que respete mi deseo de no mantener la más mínima relación personal en este viaje.
No creo que le esté pidiendo un sacrificio espartano, simplemente siga usted actuando como si yo no existiera, como toda su vida, y espero que el resto, no lo ha podido olvidar de repente.
Él asintió con una expresión de acatamiento castrense en un fondo de sorpresa y de reto que María reconoció como a un enemigo apuntándole en el frente, pero le pareció excesivo culparle por algo tan subjetivo como adivinar el futuro en un gesto. Así que cerró los ojos de nuevo, rogó en oración que el silencio se impusiera con ira, y empezó a respirar intentando no pensar, no sentir, ser sólo aire y agua en calma, una nota sostenida de réquiem.
Lo próximo que sintió fue un olor a perfume y un tacto en su cara a cuerpo bajo una textura de camisa. Se incorporó como un muelle liberado.
–¿Qué hace usted a mi lado? Su asiento no es este. ¿Por qué no me contesta? ¡Diga algo maldita sea!
–¿No recuerda que me prohibió usted dirigirle la palabra? Se ha quedado otra vez dormida, y para evitar que se golpease me he colocado a su lado para impedir su caída.
En los segundos siguientes María entró en un estado catatónico del que no sabía si querría salir alguna vez. Estaba hablando con él, y para más motivo de escarnio, le había hecho un favor. Se preguntaba por qué la vida no podía dejarla ni un sólo día, con todos sus acontecimientos, en paz.

jueves, 21 de mayo de 2009

La esencia o la nada



En el vano ímpetu de aceptarme
llegas improvisando noches insólitas,
dejando el desequilibrio de tactos
como único mar donde el naufragio
de sabernos ciertos, motivos, flota
sin intención, como recién nacido.


¿Cuál es la verdad más allá de tu piel
en el hueco huérfano de mis manos?
¿No sé qué predomina en qué, cuando
la fe y la duda se relevan en cada huella
hacia el fin al que nos debemos?
Sólo aliento y piel y verso tenemos para
de salto en yerro, esquivando el mundo,
insolidarios, hacernos dignos de la esencia
que seremos —eterna crisálida quizás—,
y que será siempre, aroma de una selva,
fragancia de un océano, o extracto de la
nada más austera.

lunes, 18 de mayo de 2009

Una tragedia dormida



Estoy desolado, y avanzo en caída libre hacia el grado de desesperado. El hecho de ser consciente de ello hace que me preocupe aún más, alcanzando irremisiblemente el estado de desamparo en el que —tras este paréntesis— ya he alcanzado.
Todo: desde la intención de hacer el primer trazo de garabato aspirante a letra, hasta el punto y final de lo que estaba a punto de escribir, y por tanto, de contaros, se me ha olvidado. Con serios visos de ser para siempre y por completo. Una tragedia teniendo en cuenta que el cansancio me invade por todos los frentes, sobre todo por aire, con los despiadados síntomas del sueño: haciendo de mi cabeza un tiovivo de despropósitos, una sucesión de caóticas afirmaciones equinas.
Me conformaré con confesaros la verdad: el sobresalto con el que apenas subsisto después de la última cabezada me ha hecho olvidar, si realmente, no recuerdo lo que tenía pensado, o tal vez, nunca existió idea alguna que justificara este despropósito. Así que más vale que me acueste. Aunque ahora que lo pienso, ahora mismo no recuerdo como despertar. Avisadme si no he vuelto nunca.

viernes, 15 de mayo de 2009

El pacto arcano



Entre tus manos y lo que rija el
universo debe haber un pacto arcano.
Y me pregunto a cambio de qué,
cada vez que me deslindan —como
haciendo un fondo de mar sobre
el “claro de luna” de Ludwig—
se te concede el don de hacer y
demoler en mí, todo arte
condenado a perdurar insaciable…
A cambio de qué, habrás conseguido
superar con la versatilidad de tu boca,
cualquiera de mis intentos por
averiguar la deidad de su mixtura,
y sobrevivir sin secuelas.


Imagínense el ímprobo esfuerzo
que traería consigo implícito el
hecho de elucidaros, uno por uno,
los fenómenos que me originan
el resto de su cuerpo. ¡Imposible!
Mera utopía para migajas de arte.

martes, 12 de mayo de 2009

Lo que somos



Lo sé:
somos ardillas voladoras
buscando frenéticamente
nueces en los postes eléctricos;
halcones peregrinos lanzándonos
en picado, a trescientos kilómetros
por hora, sobre el comedero de la
jaula;
somos el césped pisoteado que
enmarca las piscinas y alfombra
cementerios;
mares desembocando en ríos
que mueren en presas.


¡Nosotros, que considerábamos
tan patético como improbable
que el paso de los acontecimientos
nos confirmara predecibles:
como hormigas alienadas
genéticamente!


¡Nosotros, que hubiésemos
cambiado nuestra parcela de
gloria por un solar en cualquier
futuro espontáneo e inconcebible!


¿Realmente crees que reconocerlo
de esta manera será suficiente
para aspirar a un remanso de pureza,
para conseguir un refugio a las
afueras
donde llevar de vacación a la
esperanza y al inconformismo?
No lo sé, la probaremos como plegaria.

jueves, 7 de mayo de 2009

La historia más triste de la historia (XX)



–¿Puede decirme por qué está usted tan seguro de eso, si no me conoce de nada?
– Por su cara, en algunas personas la cara no es el reflejo del alma, es el espejo de algo más elevado y místico. El alma en su rostro es sólo una sonrisa, una expresión de sosiego. El resto es un insondable y maravilloso misterio que contagia esperanza, y revaloriza la vida.
María no estaba para piropos filosóficos, de hecho, era uno de los motivos de su espantada, llevaba toda la vida soportando oleadas de insinuaciones huecas, de adulaciones interesadas, de atenciones desmedidas de quienes —en el mejor de los casos— apenas habían compartido un “buenos días” con ella, fuese cual fuera la situación y el escenario, los halagos le llovían: de profesores asaltacunas; de curas dispuestos a sustituir a Dios y a toda su corte celestial por una Diosa cuyas caderas crucificaban su entrepierna; de amigos que jamás aspiraron a serlo; de maridos en busca de una favorita para su harén; de familiares degenerados; incluso de un ahogado imberbe al que le practicó el boca a boca; ya fuese en el metro; en los semáforos; en las sala de espera de los hospitales; desayunando; en el mercado; en las bodas; dando el pésame en los funerales…
En su relación con los hombres —exceptuando a su padre— nunca había tenido la certeza de comprender el significado real de las palabras. Todo lo contrario que con las mujeres, donde, al menos, estaba segura de que la envidia era la mitad de lo que sentían por ella, y que por tanto, sus conversaciones siempre tendrían un cierto transfondo de reproche.
–Mire usted, he tenido un día —por no decir una vida— para olvidar, estoy agotada, y lo último que quiero hacer en este momento es tenerle que explicar por qué odio que me adulen, así que le rogaría que obviase mi presencia el resto del viaje. ..

lunes, 4 de mayo de 2009

Soy un animal



Últimamente entras como
si respirar se te enquistase.
Cierras la puerta tratando
de aplastar el acoso de este
rosario de días apócrifos.
Jadeas, blasfemas en
idiomas de ultratumba.
Cruzas el patio arrojando
las llaves y el bolso sobre
la mártir y desconchada
mesa de la cocina.


Desde el sofá del salón
te adivino en tus quejas.
Finjo estar dormido
esperando infectarte con el
sosiego de la inconsciencia.
Pasas de largo, subes las
escaleras como escapando
del averno. Abres la puerta
corredera del baño, la cierras,
silencio, oigo el agua
precipitarse por el bajante,
En vez de pensar cómo
socorrerte, sólo me pregunto
qué parte de tu cuerpo estará
inundando, y si te importaría
saciar mi vagar por el
desierto de tu piel ausente.
Por más que la evolución
intente incitarme a razonar,
lo sabes, el animal que me
provocas siempre vence.

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