Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

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lunes, 16 de agosto de 2010

La historia más triste de la historia (XLIV). El reproche


—Hay algo que…
—Perdona, ¿cómo dices?
—No... Que podíamos encargar un almuerzo ligero: ensalada, zumos, frutas, para compensar los excesos de la noche anterior —Titubeó María como si la mayoría de sus neuronas estuviesen enfrascadas en un razonamiento más elevado e importante—.
—Me parece genial pero, por el tono diría que esa primera frase reprimida tuya tenía visos de convertirse en nuestro primer reproche.


María, tras unos segundos de clarividente silencio, decidió que no podía avanzar en falso una vez más, como si se tratase de una relación basada exclusivamente en expectativas. Sería sincera desde la primera oportunidad, o sea, ahora.


—No es un reproche, tan sólo quiero que sepas que considero de muy mal gusto que te justifiques constantemente desacreditando a otras personas, cuando menoscabas a discreción no puedo atisbar en ti el mínimo asomo de humanidad.
—¿Algo más? —dijo Carlos con un tono retenido pero que reclamaba con urgencia su derecho a réplica—
—Pues sí. Además, el abuso que siempre haces al utilizar sin medida citas históricas o bibliográficas con las que argumentar tus juicios u opiniones, te aseguro que puede llegar a exasperar a los mejores contertulios. Si al menos obviaras su procedencia no daría la impresión que lo haces, fundamentalmente, para jactarte en la diferencia de ilustración.


La segunda argumentación de María fue cambiando la expresión de su compañero, que pasó de estimulado y firme, a sorprendido e irresoluto...

                                                                

viernes, 6 de agosto de 2010

El cuánto y el porqué


Abandonemos la realidad en la que
nos contiene esta pesadilla.
¿Qué deberíamos hacer, deshacer,
dejar de hacer, pensar u olvidar para
mantenernos, a pesar de pretender darnos
sentido, sintiéndonos así —como éramos—:
sin desvanecer
un ápice dentro de la lógica aplastante
de un despertador, o un ansiolítico.
La noche, la que nos inmunizaba ante
las horas negras donde seríamos hoy,
reverbera ahora sombras sin tiempo,
y se enreda en los pulmones hasta
hacernos respirar tristezas que se dan la espalda.
¿Para qué retroceder pudiendo ser más y
mejores ahora? Dime, ¿por qué nos descubrimos
como seremos sin el otro?: seres clonados
con aires de filósofos paranoides abocados a
engrosar una facción profética con ánimo de lucro.
¿Cuál es el límite donde las palabras y
el silencio comienzan la metástasis de sus
más oscuras acepciones?
Quizá esta cismática duda active algún mecanismo
evolutivo porque, de no ser así:
¡¿qué demonios hacen el cuánto y el por qué
ensombreciendo toda confesión, cada promesa,
aún vigentes, vitales!?
La lógica que nos rige,
ajena a nuestra insignificancia y fugacidad,
ratificada por esta tarda revelación,
nos utiliza como paradigma de creación
paradójica, aspirante a patética,
ante el resto del universo.
y tú, ajena a ser debacle, quizá
aún puedas salvarnos:
sonríe,
como cuando nada tenía antecedentes.
¡Aleluya hermanos, alelulla!

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