Poesías, relatos, cine, música... Un remanso en medio de este apocalipsis (grupo EFDLT)

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martes, 28 de febrero de 2017

¿Evolución?

Trabajar, comer, evacuar, estudiar, beber, asear, sonreír, educar, progresar, dormir, hablar, soñar, amar…
Cuando lo único que te apetece constantemente siendo hombre es el saber sin esfuerzo y el sexo sin mesura.

¿Se puede llamar evolución a tener nuestras necesidades básicas, esas que nos harían moderadamente felices, al final de una interminable lista de acciones que intentan prepararnos para lo que realmente vale la pena, y que cada vez llega más tarde?


martes, 21 de febrero de 2017

Pasión de metro (fin)

Seguimos escalando poco a poco por nosotros admirando cada curva, cada arrítmico latido, los sugerentes dobleces de la ropa, todo invitando al unísono al tacto, a palpar con avidez o, quizá, con una leve caricia, esperando que el otro hubiese desistido o, al menos, no coincidiera en el tiempo en esta actitud tan pueril como inevitable en este preciso momento.
Era irremediable dadas las circunstancias, volvimos a coincidir en las miradas, esta vez más valientes y sinceras. Ella me sonrió, le correspondí mientras desojaba enredaderas —era imposible que estuviera sin pareja… Yo llevaba unos meses saliendo con una nueva amiga… No nos conocemos de nada… Podríamos ser dos sicópatas en busca de presas… ¿Cómo, cuándo y sobre qué iniciar ahora una conversación?—. Dejamos de sonreír, después de un instante tan romántico como ese no pude evitar desnudarla, imaginar su piel a la misma distancia que entonces, apoyada sobre la pared del vagón de una forma exacta a la que tenía, sonriéndome con esa mezcla irresistible de inocencia y de misterio que hacía orbitar todo sobre ella, todo era el tiempo, el aire, el destino y la esperanza de la felicidad por encontrar una cálida estancia para dejarse llevar sin temor a los Dioses.
Una parada, ella miró desesperada donde se encontraba, era la suya, se detuvo un segundo como haciendo algo sobre la barra donde se agarraba y salió despavorida del metro dejando allí a varios moribundos entre los cuales yo me desangraba por dentro hasta ver algo escrito en aquella barra. No cambiaría el momento cuando descubrí ese número de teléfono —con serias posibilidades de ser su móvil— por cualquier otro tipo de placer emocional, incluidos los orgasmos que haya o pueda tener, con o sin ella.

Fue mi primera relación sexual consensuada en un vagón de metro y ya echo de menos la segunda, y si fuese con ella sé que arderíamos por completo en cualquier lugar fuera del aquel coagulante metro.  FIN


jueves, 16 de febrero de 2017

Cuentos eróticos: Pasión de metro (II)

Quien dice los pies llega de soslayo hasta la cintura, sus botas negras de medio tacón y hebillas heavy daban paso a unas piernas propensas a la infinitud, en esa justa proporción entre la esbeltez y lo robusto, no podía imaginar unos leggins mejor adaptados y creando formas más adictivas que el vaquero negro que ella llevaba como invitando a soñar en paraísos y aquelarres. No me parece muy correcto hablar de su culo, pero ocultarlo como si fuese un culo más de un mundo con seis mil millones de culos me parece un acto de desconsideración y frivolidad supina. ¿Qué significado tendría que Dios o el azar pusiese en la tierra unos glúteos de esa magnitud al alcance de tu mirada si no pudieras dar gracias por ello en voz alta compartiendo ese hallazgo casi mitológico con tus seres más cercanos y masculinos? Su cuerpo lo modelaba y abrigaba una camiseta elástica blanca y una cazadora negra con cientos de cremalleras de plata desabrochada lo justo para imaginar unos pechos sin fronteras de una redondez geométrica universal. Pero lo que realmente deslumbraba de ella, lo que hacía que a los dos segundos uno se preguntara como se atrevía a contemplar aquella maravilla sin merecerlo, sin ser un príncipe encantador o un héroe de leyenda, era su cara, el rostro de aquella muchacha del metro era la guinda que encumbraba la creación del mundo, la cima de belleza, de la armonía de sus piernas adentrándose en su culo, de la órbita hipnótica de sus pechos asomando a la luz. Era la confirmación de que hay algo grandioso que ha de conjugar ciertas cosas para dotar de imaginación y esperanza al resto de lo vivo…   


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martes, 14 de febrero de 2017

Cuentos eróticos: Pasión de metro (I)

Hubiese sido una noche cualquiera, prácticamente desechable si ella no hubiera aparecido de repente en aquel vagón de metro justo frente a mí. Yo, ingrávido y absorto en la luz artificial como un simple insecto, como un león destronado que llora a la luna.

Nuestras rodillas tropezaron, más bien se encontraron en una órbita imposible de prever ni repetir, alcé la mirada y ahí estaba, parecía un hada gótica en busca de almas descarriadas y apasionadas, me atrevería a decir como la de un servidor, para hacerlas despertar del letargo social y guiarlas hacia la belleza de todo lo que se pueda imaginar, incluso de más allá. Mantuvimos varios segundos las miradas, yo diría que casi besándose, la apartamos al unísono, los dos hacia nuestra derecha correspondiente, con la maravillosa coincidencia de que volvimos a mirarnos a la vez, una reacción de vergüenza, tanto propia como ajena, nos invadió y la vasodilatación de nuestras caras nos transformó en seres de un tono rosado que delataban que la sangre estaba, de nuevo y al fin, igualmente ruborizada que emocionada. Los dos suspiramos, seguíamos inmersos en esta fantástica sincronización mágica, mirando hacia el suelo, allí solo estaban nuestros pies envueltos en pieles raras, nada que hiciera sospechar que mirábamos algo digno de admirar del resto de la humanidad. Por fin a salvo —supongo que pensamos los dos, seguramente—  


jueves, 9 de febrero de 2017

El amor es olvido

Después de todo el amor también es
olvido,
el que nos aísla del resto, y cuando me rozas
tras esa sonrisa perversa ese azaroso mundo
recóndito
vuelve a tener una oportunidad maravillosa para
conformarlo idóneamente todo, aunque sólo sea
por un instante.
Eso o un lugar donde no sea necesario,
sin la incertidumbre que desprende
cada decisión enredada con el resto
y con la del resto.
¿Por qué siempre hemos de elegir entre el caos
de la emotividad y la confortable tibieza de lo monótono?


martes, 7 de febrero de 2017

Cuentos eróticos: Lola (III)

Desistí de cualquier intento por contribuir a lo que fuese que estuviese creando aquella asilvestrada criatura, de hecho, dejarme llevar por ella ya lo consideraba como la consumación de una realidad inimaginable dentro del mejor de mis lascivos sueños que, además, coincidía con el mejor de cualquiera de mis sueños.

Reptó por mi espalda, noté la cópula y el vacío de cada poro invadido o abandonado, como cada vello se aferraba a mi piel resistiéndose a perderla. Descansó su cabeza sobre mis nalgas separándolas con su nariz como intentando enterrar algo, avanzó parsimoniosamente por ese tajo virgen y un punzante frío acuoso apareció como si su boca contara con una estalactita que iba arando y refrescando a la vez una zona desértica y baldía hasta entonces, preparándola para algo tan insospechado que atraía sin límites. Fue descendiendo, electrificó mi escroto, mi respiración expulsaba sangrientos fuegos artificiales, sonidos tan enigmáticos que ya han dejado de haber existido de nuevo. Con sus palmas en mis muslos cerró mis piernas y siguió avanzando con sus garras y su gélida boca por las fallas de mi cuerpo hasta llegar a mis talones, terminó de derramar el hielo de su boca en las plantas de mis pies, abrió sus piernas y empujando sobre mis temblorosos gemelos se sentó, me asió por los tobillos y levantó mis pies hasta hacer rozar ligeramente las plantas heladas por lo que adiviné que debían ser sus pezones, la oí suspirar como si fuese el primer aliento de un resucitado…


viernes, 3 de febrero de 2017

Cuentos eróticos: Lola (II)

Pero hacer cálculos con ella era un despilfarro supino de razonamiento. Me agarró por la cadera y me dio la vuelta como una caníbal dispuesta a terminar de sazonar su almuerzo. Se sentó sobre mis glúteos, con sus pulgares fue flanqueando mi columna ascendiendo hasta el cuello —yo me preguntaba si el masaje sería solo para aliviar tensiones después de una encarnizada lucha por satisfacer y viceversa entre contorsionistas, en un duelo a la luna, o un reconstituyente para volver, sin dar opción a cualquier otra consideración, a la hedonista batalla—, cambió de posición, realizando el mismo ejercicio pero esta vez de manera descendente, apoyó levemente su perineo sobre mis cervicales y masajeó mi espalda mientras sus pechos iban haciendo el más grato camino que lleve a lo desconocido, hasta acabar con un agarrón de arpía sobre mis cachas. No sabría explicar como el dolor de sus uñas pudo provocar al mismo tiempo un placer tan intenso, sospecho que por la suma de algo inaudito y ese vaivén de su vagina abarcándome y replegándose, como naciéndome de nuevo desde mi cuello a un mundo prodigioso.  Mi pubis necesitaba aliviar la tensión y el apetito por algo jugoso me empezaba a transformar en algo inestable y frenético. Lola apago todos mis desesperados conatos por participar activamente, al menos de momento, en aquel aquelarre de paroxismos sujetando con la firmeza de una Diosa cada gesto que ella no hubiese reclamado…      

    

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